domingo, 13 de abril de 2014

Qué rápido crecen

   Cuando mi Gansi nació me vi tan abrumada por sus demandas que quería que creciera pronto. Y yo que creía que los bebés recién nacidos sólo comían y dormían... ¿por qué mi bebé daba tanto trabajo? Pues no lo achacaba a que fuera algo normal, sino a que había algún problema o bien con mi peque, que era más demandante de lo que debía ser, o bien conmigo, que lo estaba haciendo fatal como madre.


   El caso es que tenía mis esperanzas puestas en que con el tiempo la situación cambiara, que se le pasaran los cólicos, que se despertara para jugar y sonreír, en lugar de para llorar, que riera, que fuera independiente.... Tanto es así, que incluso envidiaba a las madres con niños algo más mayores: “Jo, ¡qué suerte tiene esa! Seguro que ya duerme toda la noche y su niño se pasa el día jugando y entreteniéndose solito...”


   Pero el tiempo pasó, y lo que sucedió no fue que cambiara mi bebé, sino que la que cambió fui yo, que aprendí a adaptarme a mi peque, a satisfacer sus demandas sin sentirme una esclava, y lo más importante, a disfrutar de mi maternidad.


   Y justo cuando empecé a cogerle el tranquillo, de repente ya no quería que mi peque creciera, quería seguir disfrutando de mi bebé, pero ¿por qué ahora se hacía mayor tan rápido?


   Ya se que es frecuente que los padres piensen que su hijo es el más espabilado y el que más rápido se desarrolla, al igual que es normal que muchos otros se preocupen o hasta se obsesionen porque su bebé parece que está tardando mucho en alcanzar ciertas etapas del desarrollo, pero en mi caso no me preocupaba, más bien me asustaba cada vez que mi peque aprendía a hacer algo nuevo... “¿pero ya haces tú esto, cariño? Oy, oy, oy...”


   Me habían regalado un librito para que fuera anotando con cuántos meses sostenía la cabeza, se daba la vuelta, le salía el primer diente, et. Al principio si no lo rellenaba más fielmente era porque no encontraba ni un solo segundo libre en todo el día para hacerlo, y luego simplemente no le prestaba atención porque para mí el cuándo aprendía todas esas cosas nuevas no era importante, ya que confiaba en que todo iba a buen ritmo, inclusive más rápido de lo que me hubiera gustado.


   El día que oí sus primeras carcajadas rompí a llorar como una tonta, pero cuando a los 9 meses vi que se agarraba a un mueble y se ponía de pie sin ayuda me pilló tan desprevenida que me quedé igual de blanca del susto que si hubiera visto a mi bebé hacer el pino puente. 



 "¡Pero que sa puesto de pieeeee!"

   Sé que hay niños que con 9 meses ya dan pasitos, pero no es lo habitual, ¿y qué prisa había? Lo único que iba a adelantar es que se cansara de mis brazos antes, con lo a gusto que estaba yo entonces.


   Yo ya me había mentalizado para hacer una operación pañal larga y paciente, a su ritmo, alrededor de los dos añitos, así que cuán sería mi sorpresa cuando a los 18 meses se bajó su pantaloncillo, se arrancó el pañal y me dijo “pipí”. “No, esto no puede ser (pensé yo), ha tenido que ser casualidad, cuando se siente en el váter no lo va a hacer...” Pues ya te digo que lo hizo, aunque no se lo hubiera enseñado nadie. Ahí sigue el agujero que hizo en el suelo mi mandíbula aquel día, después de semejante sorpresa, que me pilló sin un orinal, ni un reductor, ni aquellos libritos tan monos de “Pepita ya hace pipí solita”...


 Papá y mamá viendo a su peque hacer pis en el váter por primera vez

   Y ya sé que es una suerte, y que si hubiera sido al contrario, si hubiera ido progresando de forma más lenta probablemente también me hubiera preocupado en algunos momentos, pero veía tan irónico que cuando quería que el tiempo pasara, pareciera que el calendario se hubiera congelado, y ahora que no tenía prisa se me estaba pasando tan rápido...


   Me encanta ver cómo crece, todo lo que aprende, cuánto habla y razona ya, aunque eso no quita que en el fondo sienta cierta nostalgia. Recuerdo una vez, cuando estábamos en la consulta del médico, que una niña de unos 4 añitos se fijó en mi peque y le dijo a su madre: “mira mamá, un bebé pequeñito”, a lo que la madre le contestó suspirando y con mirada ensoñadora: “Ay, cuando tú eras también así...” Y ahora la entiendo.


   Ahora entiendo frases como: “Qué pena, qué rápido crecen...” Y me siento hasta culpable por sentir esa pena. Aunque se que es algo de lo más natural e inevitable, siento que debiera estar sencillamente feliz y orgullosa, y atesorar cada momento de la vida de mi peque, que puede que ya no sea bebé, pero tampoco volverá a tener 2 años. Cada etapa de la vida tiene algo de única y especial, y hay que vivirla y exprimirla a tope porque ya no vuelve, aunque detrás viene otra, que es diferente pero igual de maravillosa.

6 comentarios:

  1. Exacto, disfruta cada momento que cada etapa es única y tiene lo suyo.

    Por cierto, pásate por mi blog tengo algo para ti ;-). Bss!

    http://unasonrisaparamama.com/premio-al-mejor-blog-amigo/

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    1. ¡Jolines! ¡Muchas gracias! Un besazo guapa!

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  2. cómo pasa el tiempo, mi peque, que ya no es tan peque va a cumplir 11 añitos!!! no me lo puedo creer!!! tenemos que disfrutarlos al máximo y en cada instante, el tiempo pasa muy rápido
    besisssss

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    1. Guau! Con 11 años te costará trabajo ya hasta que te de un beso jajaja Pero también es una edad muy especial, va llegando el final de la inocencia. ¡Y todo lo que saben ya! Es para no parar de babear de orgullo jejeje
      Gracias por comentar!
      Besos!

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  3. Si es que el ser humano somos así deseando siempre lo que no tenemos y pensando siempre en el pasado, en el futuro... por mucho que intentemos fijarnos en el presente. Es algo inevitable. Con lo sencillo que sería vivir el día a día sin pensar en nada más. Yo personalmente siempre pensando que el tiempo se me escapa de las manos y dandome la impresión de que no disfruto como debería... en fin. Cuando pienso eso a darle muchos achuchones a mi hijo, pa cuando no quiera, jajaja ;)

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    1. Eso eso! Tu aprovecha y achúchalo! Es que yo creo que sus cuerpecitos crecen y evolucionan más rápido de lo que a nuestra mente le da tiempo a adaptarse a esos nuevos cambios, así que a disfrutar a tope de cada día!

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