sábado, 5 de septiembre de 2015

Cómo organizarse con un bebé de alta demanda

   Lo primero que tienes que tener claro, si te ha tocado un bebé de alta demanda, es que tú sola no puedes. Ya es difícil atender sola a un bebé tranquilo o bajo demandante, cuanto más a uno que demanda el 100% de tu atención el 100% del tiempo y aún no le es suficiente.

   Incluso las valientes abuelas que criaron familias enteras ellas solas, realmente no estaban tan solas, no vivían como ermitañas en lo profundo del bosque, sino que se forjaron una tribu (de lo que ya hablaré más adelante), bien con algún familiar, vecina o los propios hijos mayores que ayudaban con los pequeños. Pero en fin, no se puede comparar, eran otros tiempos, una época en la que cualquier vecina te veía por la calle y tenía la misma autoridad para darte una colleja si consideraba que te estabas portando mal (no digo que apruebe esto, ni mucho menos) que para darte un bocadillo. Hoy en día, esto ni se concibe posible, en un mundo de núcleos familiares aislados en los que los vecinos se saludan pero pocas veces llegan a más, y en la que no es seguro dejar a tus hijos pequeños solos en la calle.

   ¿Necesitarás ayuda con tu bebé? ¡Pues no! Salvo en momentos de agobio extremo en que precises que alguien lo meza unos instantes para recobrar el aliento y la serenidad, con lo que te tendrán que ayudar es con todo lo demás: cuidado de otros hijos, tareas domésticas, recados y gestiones, ya que tu bebé reclamará contacto y atención las 24 horas.

   Los bebés de alta demanda no se quedan solitos en su cuna, no lloran un poquito y luego se conforman, no comen cada 3 horitas, no duermen varias horas seguidas y mucho menos del tirón.

  Así que si vas a tener un bebé, por si acaso te saliera altodemandante, mejor que tu pareja se vaya mentalizando del arduo trabajo que le espera, o bien ve pensando en cómo podrías agenciarte alguien que te eche una mano, aunque sea en momentos puntuales, ya sea familiar o pagado (hoy en día se está extendiendo mucho el acudir a las llamadas “madres de día”), y si no tienes pasta y vives en un sitio en que no conoces a nadie, tu familia está lejos y tu pareja (si la tienes) trabaja de sol a sol, tendrás que aprender a convivir con el caos en tu hogar, al menos durante una temporada.


 
   En cualquier caso, no está todo tan perdido. Aquí he recopilado algunos consejos que te podrían ayudar a organizarte sola (solo, en caso de que seas padre soltero de un bebé pequeño), especialmente si tienes un bebé de alta demanda. Quizá a muchas personas esto les va a parecer exagerado, pero quien tiene este tipo de bebés lo entenderá.

  • Acostúmbrate a hacer cosas con tu bebé en brazos. Estos bebés necesitan contacto físico constantemente, y acceso permantente al pecho si son alimentados con lactancia materna. Así que si tenías en mente la imagen de verte a ratitos sentada en una preciosa y fina mecedora dando el pecho para luego depositar a tu bebé en un moisés y marcharte a lo que sea que tengas que hacer hasta la siguiente toma, vete olvidando. Al principio es complicado, pero luego vas adquiriendo destreza y te sorprenderá la de cosas que puedes hacer con una sola mano.

  • Usa ropa que puedas quitarte con una mano a la hora de ir al baño (sí, tu bebé también te acompañará en estos ratitos). Nada que sea muy difícil de desabrochar. Puede que tengas a tu bebé pegado al pecho el día entero y cuando te des cuenta lleves 6 o 7 horas sin ir al baño. Te recomiendo usar prendas bien cómodas.

  • Usa un fular o portabebés (ergonómico, por favor). Esto te facilitará la tarea de tenerlos en brazos sin que tu espalda sufra, y te dejará las dos manos libres.

  • No te agobies si ves que no puedes ponerte un despertador o levantarte antes que tu bebé. Los peques de alta demanda suelen notar la ausencia de su madre y despertarse al mínimo ruido. Pero oye, lo puedes intentar...

  • Intenta usar el coche lo mínimo posible. Aquí no podrás llevar a tu bebé en brazos y como consecuencia los viajes se harán eternos suplicios de gritos y llantos desde el mismo instante en que coloques a tu peque en su silla. Si no tienes más remedio que coger el coche, prueba a cantarle, ponerle música, algún vídeo que le guste, con dibujos animados, dejarle algún juguete en las manos... No te angusties si nada de esto te funciona, simplemente respira hondo y haz paradas frecuentes si tu destino está lejos.


     "¡No quiero ir en cocheee....! ¡Ostras! ¡Temazooooo!"

  • Aprovecha las microsiestas de sueño profundo de tu bebé para hacer todo aquello que no puedes hacer cuando le tienes en brazos, como darte una ducha rápida (champú 2 en 1 para no perder el tiempo con el suavizante, y probablemente no tengas tiempo ni de aplicarte cremas), vestirte o asearte un poco.

  • No te exijas demasiado. Ahora tu prioridad es atender a tu peque (sin desatender a otros hijos que ya tengas) y a ti misma, todo lo demás tiene que pasar a segundo plano.

  • Por una parte planificar con un bebé de alta demanda es esencial y por otra imposible. Me explico, con un bebé así todo tiene que ser sobre la marcha porque son imprevisibles, no sabes a qué hora estará dormido o despierto, si ese día aceptará que le bañes o le vistas de buena gana o tendrá un día especialmente delicado, si tendrás 5 minutos para ducharte o a qué hora serán, ni siquiera si será un buen día para salir a la calle. Lo que sí te recomiendo hacer es una lista de tareas pendientes ordenadas por prioridad e irlas haciendo en cuanto tengas ocasión. Planea menús semanales o mensuales, deja comidas hechas con toda la antelación que puedas, bocadillos de merienda desde por la mañana si hace falta, y planifica tu vestuario para sólo tener que ponerte la ropa (o a tus peques mayores) sin pensar mucho. Ten suficiente dinero efectivo para no tener que hacer visitas frecuentes al banco. Y hazte una agenda con los eventos que tengas pendientes, y recordatorios con suficiente antelación de todas las cosas que tengas que tener previstas para esos eventos (comprar regalos o ropa para la ocasión, hacer llamadas telefónicas, etc.). Posiblemente la falta de sueño te haga tener la cabeza en las nubes, así que la previsión siempre es buena.

   Espero que esto sirva de ayuda y traiga paz y orden al caos que se genera cuando la llegada de un bebé de alta demanda rompe todas nuestras espectativas. 

   Si tienes alguna otra aportación, estaré encantada de recibirla.

domingo, 30 de agosto de 2015

Qué necesitarás en el puerperio

   Cuando estaba embarazada de mi Gansi hice lo que hacen todas las futuras mamás: esmerarme en preparar la llegada al mundo de mi peque. Me hice una lista de todas las cosas que “debía” comprar, o que tenía que meter en el bolso para el hospital, y me aprovisioné de toda clase de chismes que pensé que necesitaría, muchos de ellos “porsiacasos”. Y eso que me refrené bastante porque no me gusta el consumismo.



 "Cariño... ¿tú crees que nos dejarán pasar con todo esto al hospital?"


   Me aseguré de que para cuando tuviera a mi peque no le faltara de nada, pero hay algo en lo que no caí, que probablemente a muchas primerizas también les pase, no caí en qué iba a necesitar yo.

   Por supuesto llevaba un bolso para mí al hospital, pero se reducía a artículos de higiene personal y ropa. Lo único que compré pensando en mí como mamá fue un sujetador cómodo para la lactancia y bragas desechables (detalle éste en el que caí únicamente porque una reciente mamá me las había aconsejado fervientemente).

   Cuando estamos embarazadas todo son atenciones, pero una vez que damos a luz todos los cuidados son para el bebé. Las mamás pasamos a ser el último mojón y todo el mundo asume que estamos bien, que no necesitamos nada en especial y que lo tenemos todo bajo control. Incluso nosotras mismas nos enfocamos tanto en el cuidado de nuestra criatura (que no es moco de pavo) que nos olvidamos de que también necesitamos que nos cuiden. 

   Y no me refiero a irnos a un balneario o de compras, me refiero a cuidados muy básicos que en el momento en que damos a luz tendemos a olvidar. Tenemos que cuidarnos, porque para atender óptimamente a nuestra criatura debemos estar lo mejor posible, y cuanto más dejemos atado y más previsoras hayamos sido más reduciremos posibles fuentes de estrés que nos impedirán disfrutar plenamente de nuestra maternidad.

   Así que, futura mamá, si has preparado una larga lista de cosas para cuando nazca tu bebé, no olvides hacer una también para ti. Aquí te dejo mi pequeña contribución, algunas son cosas que necesitarás indudablemente, y otras simplemente te vendrán muy bien:

  • Ropa interior desechable. Los primeros loquios pueden destrozar tu ropa interior, y es posible que tengas que cambiarte muy a menudo. Calcula unas cuantas para el hospital, sobre todo, y quizá para los primeros días de casa, que es cuando el sangrado es más abundante. Recopila también las bragas más feas y dadas de sí (todas tenemos alguna de esas en el cajón) que tengas para poder usarlas hasta que lo tengas todo bajo control.
  • Compresas de algodón. Las de celulosa no se aconsejan, ni tampoco los tampones, de las copas menstruales no puedo decir nada pero yo personalmente no tenía la zona cero como para andarme metiendo nada. Calcula bastantes porque yo compré pocas y me veía a cada rato teniendo que ir a comprarlas o encargando que me trajeran. A mí me iban bien las de Mercadona, más baratas que las de farmacia y muy competentes. Recuerda que puede que te lleves 40 días aproximadamente sangrando (yo me tiré los 40 sin tregua), aunque hay quien se lleva menos tiempo. Al menos asegúrate de tener suficientes para la primera semana o dos semanas, que es cuando más necesitarás descansar.



  • Discos de lactancia. Si vas a dar el pecho los vas a necesitar. Aparte de que proporcionan comodidad evitando el roce directo de tus ahora tan sensibles pezones contra la ropa interior, descubrirás que el rato que no te los pongas tendrás que cambiarte de camiseta porque parecerá que te has agachado sobre una pecera. Te recomiendo usarlos de tela, ya que son más ecológicos y a la larga te salen más económicos.



  • Sujetadores de lactancia. ¡En plural! Aunque parezca una obviedad, tan poco fue lo que me esmeré en mis propias necesidades que me compré sólo uno, y claro, de vez en cuando había que lavarlo, y para ir de tiendas no estaba yo y mucho menos mi peque con sus cólicos. Ten suficientes como para poder lavarlos sin estrés, ya que la alternativa es ir sin nada, lo cual no te resultará muy cómodo, y menos aún tratar de ponerte tus sujetadores de siempre, a no ser que acostumbraras a usarlos sin aros o de tipo deportivo. Yo los terminé usando también por la noche, cosa a lo que me costó habituarme, pero finalmente lo vi necesario puesto que estaba mucho más cómoda, y de otra manera no me podía dejar puestos los discos de lactancia y acababa con el pijama empapado de leche. No te encariñes mucho con ellos, sobre todo si vas a dar el pecho un tiempo prolongado (lactancia a término), ya que lo más seguro es que terminen destrozados de los tirones y deformados por apartarlos una y otra vez.




  • Ropa cómoda. Tardarás un tiempo en poder volver a ponerte tu ropa, ya que el cuerpo debe volver a ponerlo todo en su lugar y esto no es automático como en las películas (ya nos gustaría). Quizá tengas que apañarte una temporada siguiendo con la ropa premamá, prendas sueltas y, si das el pecho, que te permitan descubrirlo con comodidad.

  • Una buena provisión de alimentos no perecederos y enseres domésticos. Evidentemente esto no es para llevártelo al hospital. Con un recién nacido no se hace la compra igual, te lo garantizo, y tú lo que necesitarás es descansar, no patearte un supermercado. Si tienes la suerte de tener a alguien que te haga la compra, perfecto. Otra opción es que te familiarices con las compras online, pero incluso esto te hará invertir tiempo que quizá prefieras emplear en otros menesteres, como atender a tu peque... ¡y descansar! Sé que insisto mucho con el tema del descanso, pero el parto y los primeros días del puerperio te dejan el cuerpo molido como si acabaras de hacer la maratón de tu vida, y si no te recuperas lo vas arrastrando y aquello va creciendo como una bola de nieve y generándote un estrés adicional.

  • Abrazar el minimalismo en tu hogar, aunque sea temporalmente. Cuantos menos tiestos tengas que limpiar y colocar (o tu peque romper o poder hacerse daño con ellos), mejor. Si puedes, mete en cajas todo lo que vayas considerando, y ya lo irás sacando con el tiempo.

  • Cremas corporales hidratantes. Durante el embarazo la hidratación es muy importante para prevenir estrías, pero tras dar a luz es conveniente seguir hidratando la piel para ayudarla a volver a su sitio, aportándole elasticidad. No te olvides de los pechos, sobre todo si alimentas a tu bebé con lactancia materna, ya que éstos experimentarán muchos cambios de volumen (yo tengo un muestrario de tallas de sujetador que van desde la 85 a la 100, para ilustrar dichos cambios). En este caso el producto que uses tiene que ser muy suave y lo más natural posible, evitando la zona del pezón para que nuestro bebé no lo ingiera accidentalmente.


  • Una cuchilla de afeitar. Esto no es algo que necesites, es simplemente una recomendación mía. Yo eché de menos tener a mano algo con lo que quitarme los pelos rápidamente (ten en cuenta que es muy posible que tengas que darte duchas express una temporada). Ya habrá tiempo de hacerse la cera o lo que sea que uses. Siempre puedes dejarlo todo al natural...

   Y por lo pronto eso es todo lo que se me ocurre. Si crees que falta algo, déjamelo en los comentarios y estaré encantada de ampliar la lista. ¿Qué echaste tú de menos no haber tenido preparado para tí una vez que tuviste a tu peque?

sábado, 15 de agosto de 2015

Lo que aprendí de: la estimulación

   Desde que estaba embarazada de mi Gansi siempre me tomé muy en serio el tema de la estimulación, y tenía la idea de que cuanto más y cuanto antes mejor, que así mi peque sería más inteligente e incluso se desarrollaría antes.

   Todos queremos que nuestros hijos sean inteligentes, claro que sí, pensamos que así su vida será más fácil, y como padres usamos las herramientas que tenemos a mano para fomentar su desarrollo intelectual.

   Por eso no paraba de escuchar música clásica durante el embarazo. Lo cierto es que ni a día de hoy he recopilado suficientes argumentos como para decir con seguridad si esto realmente sirve de algo o no.

   La estimulación temprana, una vez que tuve a mi peque, era el tema que más me preocupaba después de sus cólicos y la falta de sueño. Me preocupaba, de hecho, hasta el agobio. Leía e investigaba (en el poco tiempo que tenía) cómo podía hacer para estimular a mi bebé, qué hacen o deberían hacer los bebés en cada etapa de su desarrollo y cómo fomentarlo, y a qué juegan. Me inquietaba profundamente que se aburriera.

   Y cuando leí acerca de los periodos sensibles el agobio se acrecentó. ¿Y si no estaba aprovechando al máximo el momento de mayor aprendizaje de mi peque? ¿Y si estaba desaprovechando su potencial? 


 "¡Oh, nooooooooo!"

   Recuerdo que le ponía a mi Gansi cds de música para bebés, y los vídeos de Baby Einstein, y me inquietaba que no le llamaran la atención. Si bien es cierto que ahora es ver mi peque una pantalla encendida y sucumbir a su imnótico encanto (que creo firmemente que si pusiera la tele en mi casa durante todo el día mi Gansi se quedaría inmóvil en el sofá sin apenas parpadear durante horas y horas), durante un tiempo hasta más allá del primer año de su vida no le llamaba en absoluto la atención, pusiera lo que pusiera, ni dibujos especiales para bebés.

   Lo que ahora pienso que es una suerte estupenda que tuve, en su momento me pareció una maldición. “¿Cómo estimulo entonces a mi peque? ¿Cómo se va a beneficiar su intelecto de todas esas imágenes, colores, formas, números y letras con melodías de música clásica de fondo?”

   Y es que lo primero que aprendí de la estimulación en niños y bebés es que es un arma de doble filo, que una incorrecta estimulación, y sobre todo, y exceso de estimulación, puede ser contraproducente.

   Nosotros, los adultos, estamos acostumbrados a un ritmo de vida frenético, a ser bombardeados por cientos de estímulos a la vez, y esto para los bebés puede ser una sobrecarga.

   Al mirar, tocar y hablar a tu bebé ya lo estás estimulando. Al dejarle moverse con libertad, manipular objetos, llevárselos a la boca y observar el ruido que hacen al caerse, tu peque se estimula más que si le das un paseo de una hora amarrado en el carro y luego le pones delante un juguete lleno de luces que pita, habla y canta, y dice el abecedario en inglés y cantonés.


 "¿Y ahora qué hago con todo esto?"

   Pero en la inseguridad de una madre primeriza, como yo, pensaba que esto no podía ser suficiente. “¿Y si le voy enseñando ya los números y las letras?” He tirado juguetes para bebés (machacados por su uso) llenos de letritas y números que mi peque nunca será consciente de que tenían. Puedo asegurar que no contribuyeron en absoluto a que mi Gansi aprendiera antes a identificarlos.

   No siempre los fabricantes de juguetes se apoyan en la pedagogía de la forma que algunos padres querríamos, y a veces las edades recomendadas no están muy ajustadas o no las interpretamos bien. Puede que diga a partir de 18 meses porque el niño a esa edad ya sea capaz de manipularlo con seguridad e incluso disfrute con él si los padres colaboran en el juego, pero quizá aún no puede, madurativamente, sacar partido de la parte educativa del juguete, y menos por sí mismo.

   A medida que los niños van creciendo, la sobrecarga de estímulos a los que los sometemos es brutal. Los apuntamos a la máxima cantidad de extraescolares que podemos, les ponemos los dibujos animados más coloridos y ruidosos que hay, les compramos los juguetes más electrónicamente complejos, y vamos sobrecargando el estímulo visual y auditivo sobre todo, consiguiendo en ocasiones que nuestros niños se vuelvan nerviosos e hiperactivos.

   Niños movidos los ha habido toda la vida y los seguirá habiendo. Igual que hay algunos que necesitan un contacto constante durante los primeros años de su vida, hay otros más demandantes de estímulos. Pero hay otros a los que inconscientemente volvemos así, estimulodependientes por así decirlo, niños a los que les cuesta concentrarse en realizar una actividad por más de 5 minutos y necesitan cambiar constantemente de tarea.




   Yo que tenía pánico a que mi peque se aburriera, porque pensaba que estaba desperdiciando una oportunidad de que se estimulara o aprendiera algo nuevo, aprendí que el aburrimiento puede ser bueno, y es necesario que los niños se aburran de vez en cuando un rato porque esto fomenta su imaginación.

   Os recomiendo el libro “educar desde el asombro” de Catherine L’ecuyer, que ofrece una visión de la crianza desde una perspectiva más relajada, valorando los estímulos obtenidos de lo cotidiano y la importancia de enseñar a los niños a sacar sus propias conclusiones.

   Lo principal en este tema, como en muchos en lo que se refiere a la crianza, es descubrir los ritmos del niño e irlos respetando, sin saturarlos, y ser conscientes de que cosas que para nosotros son habituales y no nos suponen estímulo en absoluto, para ellos son nuevas y en exceso pueden causarle estrés, por ejemplo, una habitación llena de gente y ruidos, un supermercado, una feria…

   ¿Nunca te has preguntado por qué cuando enseñas algo nuevo a tu peque y le gusta, hay veces que lo repite incesantemente? ¿Por qué no se cansa de eso a lo que estabais jugando y que le ha gustado tanto? ¿No será que te has aburrido tú antes porque para ti que eres una persona adulta ya no supone un estímulo y te resulta incluso chocante que a tu peque le siga fascinando?

   A mi peque le encanta hacer teatrillos y representar escenas de películas conmigo. Si os digo que un día tuve que recrear una misma escena de Frozen más de 30 veces seguidas entenderéis la manía que le tengo a la película. Y mi peque tan feliz, como si lo hacemos 30 veces más… 


 "¡Ooota ves! ¡Ota ves!"


   Creo que la clave está en observar y escuchar a nuestros peques, que ellos mismos nos vayan diciendo cómo estimularlos, qué les atrae y qué les interesa.

miércoles, 29 de julio de 2015

Cosas de niños, cosas de niñas

   ¿Qué entendemos por cosas de niños y cosas de niñas? Hace un tiempo os hablé de una madre de 6 varones que descubría con una sorpresa digna de un vídeo viral que estaba embarazada de una niña. La señora bromeaba diciendo que no tenía ni idea de cómo se cría a una niña, de qué llevan, qué cosas les gustan o con qué juegan.

   ¿Criamos de forma tan distinta a niños y niñas? ¿Nos preocupamos y disuadimos a nuestros varones si vemos que les gustan cosas típicamente femeninas o a nuestras niñas si muestran interés por aquello que consideramos masculino? ¿Tratamos de imponerles una identidad de género? ¿Son saludables para su desarrollo y percepción personal los roles que, a veces incluso sin querer, les inculcamos que son propios de hombre o mujer?

   En uno de los episodios del programa Master Chef Junior amonestaron a uno de los concursantes por decir que las mujeres sabían limpiar mejor que los hombres. Quizá ni siquiera sus padres eran conscientes de que estaban imbuyendo esta idea en su hijo con sus comentarios y actitudes.

   Sé que este tema es bien serio, y da para mucho reflexionar, así que me gustaría abordarlo en un tono distendido y en ocasiones irónico, como suele ser mi estilo.

   Cuando yo era Gansa Premamá me decía: “Me da igual que mi bebé sea niño o niña, yo no voy a caer en estereotipos de rosa y azul o juguetes sexistas...” Me temo querida, que no hay quien se escape, pero eh, lo puedes intentar.

   Si tienes una niña le vas a poner vestidos y alguno será rosa, y si tienes un niño tendrá ropa de todos los colores y seguro que algo azul pastel cae. Tampoco hay que ser extremistas. Y si lo que quieres es que se note que tu bebé es una niña, ya puedes embutirla en rosa pastel, ponerle unos pendientes enormes y meterla en un carrito digno de Barbie que alguien siempre te preguntará si es niño o niña.


 Mi sentido arácnido me dice que este cuarto es de una niña...

   Es triste pensar cómo desde tan pequeñitos les vamos marcando las diferencias entre niños y niñas. Lo que ocurre es que algunas de esas diferencias son más inofensivas que otras. Una cosa es conducirles hasta ser estéticamente distintos, que inevitablemente lo van a terminar siendo, y otra inculcarles determinados roles.

   Por ejemplo, que las niñas vean sólo dibujos animados tiernos, jueguen a la cocinita y a las mamás, mientras los niños ven dibujos más violentos y juegan con coches y robots. ¿Lo hacen porque verdaderamente les gusta o porque nosotros lo ponemos una y otra vez frente a ellos? ¡No! ¡Las niñas no pueden ser brutas y los niños no pueden demostrar sus sentimientos! (Y luego las mujeres nos quejamos de que no encontramos hombres sensibles y empáticos).

   Realmente no veo nada de malo en que un niño quiera jugar a ser cocinero o papá, o una niña quiera ser deportista. Y es que el mundo de los juguetes es para echarle de comer aparte. Esto se evidencia sobre todo en los hipermercados durante la época navideña y las grandes jugueterías en las que al entrar nos golpea una dicotomía de rosa y azul, y pasillos enteros de temática “femenina” y “masculina”.




   Pero si os fijáis, aparte del cada vez más vasto elenco de juguetes neutrales y educativos que tenéis a vuestra disposición, vuestros peques también pueden jugar a juegos que típicamente se asocian al sexo opuesto, la clave es el color y el dibujo.

   ¡Si amigos! Nadie os mirará con preocupación porque vuestra niña le de patadas a un balón si éste lleva estampada a la Hello Kitty. Cualquier cosa se convierte automáticamente en femenina si lleva una Hello Kitty y en masculina si lleva un Spiderman.

   Por ejemplo, al Ganso le encanta jugar al escalextrix y cuando estaba embarazada me decía: “Ains, como sea una niña no vamos a poder echar carreras...” y yo le contestaba: “¡no hay problema! Le compraríamos un coche de Hello Kitty”. Mi querido esposo ya daba por sentado que por ser niña no le iban a gustar esas cosas, pero pareció que no le importó mucho compartir su afición en caso de tener una niña si su femineidad no se veía “amenazada”.

   ¿Y qué puede haber más femenino que Kitty, Baribie o Minnie? Bueno, tengo que añadir que mi Gansi no distingue entre Mikey y Minnie, a los dos les dice Mikey (debe pensar que a veces al ratón le da por ponerse pestañas postizas, vestido y lazo, y lo ve tan normal).

   Y si a vuestro niño le gusta jugar a algo tradicionalmente femenino, nada mejor para conservar su hombría que llenarlo de pegatinas de Spiderman. Si pintáis un Nenuco de verde, vuestro varoncito podrá jugar sin problema a ser papá, darle el biberón y cambiarle el pañal al pequeño bebé Hulk.

   Los fabricantes lo saben. Cuando salieron aquellas pistolas Nerf tan molonas no tardó mucho en aparecer posteriormente la versión femenina, porque las niñas también querían jugar a eso, ¡claro que sí! pero ahora podían hacerlo y a la vez ¡seguir estando fabulosas!



   No creo que a ningún niño le vaya a interesar de forma espontánea una especie de gato sin boca, pero ¿y si una niña quiere jugar a ser el hombre araña? ¡Oh no! Bueno quizá podríamos ponerle un traje de araña rosa, o jugar a la princesa araña...



 "Le ponemos un tutú y arreglao"


   Y es que a veces son tan absurdas las diferencias que les imponemos a nuestros hijos en lugar de dejarlos ser ellos mismos y cultivar sus propios gustos e intereses...

sábado, 11 de julio de 2015

Lo que aprendí de los horarios de los bebés

   Por lo que he oído, hay quien tiene la suerte de tener un bebé que, prácticamente desde el nacimiento, es un auténtico reloj, y por lo general es fácil predecir a qué hora tendrá hambre y cuándo y cuánto dormirá, lo cual facilita tremendamente a los padres el poder organizarse. Este tipo de bebés aceptan la rutina sin problemas, pero claro, este tipo de bebés son la minoría.

   En el caso de mi Gansi, lo mejor era olvidarse del reloj, porque mi peque no distinguía si era de día o de noche, si era la hora del baño, del almuerzo o de la cena, si había que salir o quedarse en casa. Su necesidad de contacto era constante, y sus cólicos imprevisibles, si bien era cierto que por la tarde-noche se acentuaban.

   A medida que fue creciendo, fue desarrollando un horario que consistía únicamente en una hora fija a la que despertarse por las mañanas. Daba igual la hora a la que se hubiera dormido por la noche, daba igual si se había despertado 3, 5 o 20 veces, daba igual si había descansado mejor o había llorado mucho, incluso si había pillado un resfriado, había tenido tos, mocos o vómitos, siempre se despertaba entre las 7 y las 8 de la mañana, y a mí casi siempre me sabía a poco (porque mi sueño era breve e interrumpido, de no más de 1 hora seguida, y con suerte), pero por más que lo intentaba, más allá de esa hora ya no se volvía a dormir.

   Había leído de los beneficios de los horarios y rutinas, que aportaban seguridad a los niños y les ayudaba a descansar mejor, pero en mi caso, por más que intenté, mi Gansi no aceptaba más horario que el suyo. La hora de la comida era cuando tenía hambre y la de dormir cuando fuera que tuviera sueño, y punto. Y realmente es absurdo tratar de imponer una rutina a los bebés pequeños, ya que la mayoría no lo van a aceptar, y en lugar de seguridad lo que les va a ocasionar es estrés, porque ellos no quieren esperar a que sea la hora, porque no entienden de horas, entienden de lo que su cuerpo demanda en ese momento.



 "¿Para qué será este chisme que mi madre mira tanto?"


   Así que si vas a tener un bebé y quieres intentar seguir una rutina con horarios más o menos fijos, adelante, pero no te frustres si ves que no resulta, es de lo más normal. Oye, que igual te va bien, lo cierto es que de las primeras cosas que se aprenden con la maternidad es que no existen fórmulas mágicas y universales y lo que a unos les va bien para otros es un fracaso, y que lo que parecía que funcionaba de repente puede no dar más resultado y hay que buscar una alternativa.

   Volviendo al tema de los horarios, ya a medida que se van haciendo mayores los niños van entendiendo por qué se hacen ciertas cosas en ciertos momentos y con cierto orden, ya que lo ven cada día en sus padres, repetidamente, y van desarrollando la lógica, aunque con más de 3 años a mi peque aún le cuesta entender por qué tiene que esperar a que esté listo el almuerzo si su estómago le está pidiendo comida porque el desayuno lo tiene ya en los pies, o por qué no puede merendar a las 12.30 del mediodía, o desayunar a las 8 de la tarde. Aún me cuesta que encaje eso de la “hora de irse a la cama”, sobre todo si no tiene sueño o aunque lo tenga se lo está pasando bien.

  Y es que los bebés y los niños pequeños no están echos para horarios rígidos, y en ocasiones a los propios padres no nos interesa tampoco que nuestros peques tengan horario rígido. Es lo que ocurre con el cambio horario. En el cambio de hora de otoño no nos importa tanto que nuestros peques se caigan de sueño una hora antes, pero si tenían la hora de levantarse fijada sobre las 8 (como era nuestro caso), ya no nos hace tanta gracia que con el cambio ahora sean las 7 y nuestro peque ya esté de buenos días. Y en primavera cualquiera era la valiente que intentaba dormir a mi peque una hora antes.

   Y eso es lo que tiene pretender seguir un horario, que cuando cambian la hora los pobres peques se desconciertan todavía más que nosotros y tenemos que hacerles ese cambio lo más gradualmente posible.

   Supongo que no todos los peques son así. Yo cuando me acuesto tarde también me levanto algo más tarde, pero mi peque tenía el don de la oportunidad. Cuando nos convenía que durmiera siesta porque teníamos un evento (boda, bautizo, reunión familiar...), por más que se cayera de sueño no dormía de ninguna de las maneras en todo el día, y luego caía profundamente sobre las 7 para que todo el mundo viera lo quejicas que éramos, con lo bien que dormía, y yo sabía que al llegar a casa a las 12, 1 o 2, mi peque diría que ya había dormido suficiente y yo tendría que sacar fuerzas de donde no las tenía para mantener mis párpados abiertos.

   Me sacaba de mis casillas que después de un evento de trasnochar me llamaran a las 12 del mediodía para preguntar: “¿ya estáis despiertos?” uffff ¡claro que estoy despierta desde las 7.30! ¡tengo un bebé!”. Si ni me acuerdo ya de lo que era despertarse a las 11 de la mañana.


 Imagen sacada de construyendounafamilia.com (recomendado)

   Y es que esto de los horarios debe ser que se aprende igual que todo lo demás, a base de ir viendo el ejemplo e ir entendiendo por qué se hace así. No voy a negar que el orden y la rutina aportan seguridad, el saber qué viene a continuación, el asociar ciertos rituales con la hora del baño o de irse a la cama, pero para todos los peques no es igual de fácil llegar a esas asociaciones, y si para ellos va a suponer tener que hacer algo cuando no les apetece o no poder comer, dormir o jugar cuando tienen ganas, al final resulta en estrés para ellos, hasta que entienden por qué hay o no hay que hacer ciertas cosas en determinados momentos o lugares.

sábado, 20 de junio de 2015

Idas de olla maternales

   Siempre he sido un despiste con patas, pero con la maternidad ya es lo más. Había escuchado que el embarazo hace que una a veces esté como falta de concentración, quizá por el cansancio o por las hormonas, y hoy me gustaría compartir vuestras historias de idas de olla épicas a consecuencia del embarazo o de haber sido mamás (sobre todo recientemente), del tipo llevarte dos horas buscando las llaves del coche y encontrarlas en la nevera.

   Yo he tenido de esas a docenas...

   Uno de los vasos favoritos de mi Gansi lleva más de un año hace desaparecido y cada vez estoy más convencida de que lo debí dejar en el techo del coche mientras amarraba el cinturón del asiento de mi peque, y luego arranqué y nunca más se supo.

   Lo peor para mí fueron los primeros meses postparto, la falta total de sueño me hacía imposible el concentrarme, y sobre todo el planificar, todo tenía que ser sobre la marcha. Además, mi Gansi era un bebé imprevisible, así que no podía planear nada contando con que en ese momento durmiera o no, o con que estuviera comiendo o ya hubiera comido para esa hora, o que pudiera salir de casa o me tuviera que quedar consolando cólicos.

   Podían llegar las 13:45 del mediodía y decir, “uy... ¿y qué pongo hoy de comer?” Imagínate que quedas con alguien para ir a nadar y estás tan tranquila, sabiendo que tienes que ir a nadar sí, pero sin pensar en nada más, y cuando llega el momento te pones a prepararte y caes en la cuenta de que no tienes bañador. Pues cosas parecidas me pasaban por culpa de esa falta de capacidad de planificación.

   Me pasaba tanto creer que había hecho algo y resulta que sólo lo había hecho en mi mente, como haberlo hecho en modo robot y no recordar ni cómo ni cuándo, como si hubiera sido otra persona la responsable. Y para qué hablar de recordar eventos. Tanto al Ganso como a mí se nos pasó por completo la fecha de nuestro segundo aniversario de bodas, y nos acordamos al cabo del mes como “oye... ¿no ha sido nuestro aniversario? Pues sería...”

   También me pasaba que hacía diferentes planes para un mismo día, y cuando ese día llegaba era cuando me daba cuenta de que no podía estar en dos o tres sitios a la vez.




   Y es que había veces que me sentía tan hecha polvo que cuando veía a otra madre con un peque algo mayor sólo quería agarrarla de las solapas y gritarle entre lágrimas “¡Dime que esto se pasa! ¡Dime que en pocos meses mi bebé dormirá mejor y no llorará tantísimo! ¡Dime que pronto podré descansar!” (una vez más mis falsas expectativas me hacían creer que había algo que no iba como es debido y que pronto se pasaría).

   Pero a lo que voy, a mis despistes descomunales como salir en zapatillas o darme cuenta de que no me había peinado cuando ya estaba de vuelta hacia casa. O contarle al Ganso las mismas cosas varias veces pensando que aún no se lo había dicho, que el pobre ya temería por mi salud mental y estaría imaginándome con Alzheimer prematuro.

   Lo reconozco, se me ha ido la pinza y mucho... “¿Hemos pagado aquel recibo? ¡creo que me he dejado un grifo abierto! ¿Siguen las patatas en la freidora?”

   Ni me acuerdo de cuántos chupetes me he cargado por echarlos a un cazo de agua hirviendo para que se esterilizaran, irme corriendo a atender a mi peque y acordarme ya tarde (o por el humo o el olor delator del plástico quemado), y encontrar un pequeño charco de plástico de colores más o menos renegrido y pegado al fondo del cazo.








   Y a estas idas de olla a veces, en mi caso, ha acompañado la paranoia maternal. Dejar a mi peque por primera vez con otra persona, irme e imaginarme todos los escenarios macabros posibles, o el sentimiento de culpabilidad que te hace sentir mala madre por cualquier cosa que hagas o dejes de hacer con tu bebé. La de pesadillas que tuve antes de que empezara la guarde... ¿qué harían allí con mi pobre criaturita? Se escuchan tantas historias... ¿Soy la única que alguna vez ha pensado que le habría tranquilizado tener una conexión al móvil con cámaras del cole o la guardería y poder ver en todo momento lo que hace mi chiqui?

   Ni sé la de veces que habré salido de casa y habré tenido que volver en varias ocasiones por algo que se me había olvidado. Hasta he pensado que si hay unos ladrones pendientes de cuándo entramos y salimos para colarse en casa, los pillamos in fraganti fijo, porque si ya es difícil prever cuándo salimos, averiguar el tiempo que nos vamos a llevar fuera, que pueden ser menos de 5 minutos si se olvida algo, cosa muy habitual, pues ya ni te cuento.

   Es comprensible que tengamos la cabeza en las nubes, con las hormonas en plena ebullición, un cansancio tremendo y todas esas sensaciones y emociones nuevas que vamos experimentando. Bastante tenemos con pensar en los cuidados que requiere nuestro peque (¡y nosotras mismas!) como para tener que estar pendiente de algo más.

   Por eso creo que una madre puerpera necesita mucha ayuda. He visto a mujeres ser duramente criticadas porque después de ser madres se han ido a vivir con sus padres o sus padres (su madre al menos), se ha ido a vivir con ella, y creo firmemente que quien se puede permitir hacer esto, hace bien. Cuando una mujer es madre sólo necesita estar con su bebé y descansar, no tendría por qué ocuparse de nada más, pero en nuestra sociedad se premia a la super woman que ella solita atiende a su recién nacido y a los demás que pueda tener, tiene la casa impoluta y “¡qué narices! ¿quién necesita baja maternal? ¡me voy a trabajar y dejo a mi peque de dos semanas con la tata!”

   Y yo no digo que no haya mujeres que lleven para adelante mil cosas ellas solas y haya que ponerles un monumento, pero lo más normal del mundo es que cuando una madre reciente se quiera ocupar de algo que no sea ella misma o su peque, note que le cuesta horrores concentrarse, y que, más de una vez, se le vaya la olla...

jueves, 11 de junio de 2015

Barriguita de embarazo... ¿ocultarla o presumir?

   ¡Qué manía tenemos con hacer bandos! Que si biberón o lactancia materna, carrito o porteo, cuna o colecho, nocilla o nutella...

   Es que hay bandos para todo, y todos pueden vivir en armonía, aunque haya algunos más propensos a llevarse a la gresca en ocasiones. La vida es elegir, y cada uno toma su opción porque hay gustos para todo.

   Por ejemplo, hay embarazadas que lucen sus tripitas con orgullo, mientras que otras hacen por ocultarla hasta que les es imposible.

   En mi caso yo era de las primeras, de las que me gustaba que mi tripita se me marcara y acentuara desde el segundo 1 de mi embarazo, incluso durante esa primera fase en que la gente te mira y no sabe si darte la enhorabuena o recomendarte un centro de fitness.




   Supongo que las “ocultadoras” (eah, ya os he etiquetado, con lo poco que me gusta) ponen su empeño precisamente en esta fase, y reconozco que esas primeras semanas en las que aún no es evidente que lo que tienes no es una lorza sino una tripilla en la que hay un pequeño ser creciendo, pueden ser un poco chocantes, sobre todo para las que se pasan la vida cuidando su figura.

   Entiendo, aunque no siempre lo comparta, que haya mujeres que lleven mal ver su cuerpo cambiar y crecer, y aún peor que los demás lo noten. A mí personalmente me daba igual. Yo le decía al Ganso “¿Este vestido me hace barrigona? ¿Si? ¡Mejor!”

   Según la ropa que llevemos, podremos conseguir un efecto y otro. La verdad es que tampoco tiene mucho misterio, lo entallado marca y lo suelto oculta. También se puede jugar con el corte de las blusas o vestidos, bajo el pecho para acentuar (típico de ropa premamá) o más a la cintura para disimular. Aquí tenéis unos consejos de una vlogger (con v de vídeo, eh) de moda para las ocultadoras, o para las que prefieren esperar a que el embarazo sea evidente para presumir de tripa. 





   También puede ser útil para las que simplemente quieren disimular tripita sin estar o haber estado embarazadas, o para esa bolita que te queda después de dar a luz, de la que nadie te previene (en las películas las mujeres después de parir se les queda un vientre plano, y aquí no ha pasado nada) que a veces te miras y te preguntas si no se habrán dejado otro niño adentro.

    Y es que hay algunas mujeres que llevan peor que otras los cambios físicos que conlleva la maternidad. Se miran tristemente diciendo “¡Estoy enorme! ¡me siento gorda!” y fíjate que yo me sentía esplendorosa. No se si la gente me miraría y vería algo bello o pensaría “¡menudo zepelín!”, pero a mí me la traía al fresco. Yo veo el embarazo como algo tremendamente bello, cuando veo una mujer embarazada me parece que está más preciosa que nunca, poderosa incluso.

   Después de haber sido madre, me parece que en esta sociedad la maternidad está infravalorada. Lo que se aplaude es estar de 8 meses y que no se te note, o acabar de tener gemelos y que parezca que los ha tenido tu prima y no tú. Le damos tanta importancia a lo físico y a las apariencias que no me sorprendería que hubiese mujeres que alquilaran un vientre para poder tener hijos sin que afectara a su figura. 




 Polémicas fotos de una modelo embarazada de 8 meses


Elsa Pataki mostrando la disciplina necesaria para recuperar su figura lo antes posible tras un embarazo gemelar


   De hecho, más de una historia conozco de madres cuya razón para no dar el pecho es no estropeárselo. A ver, que eso es una decisión personal y los motivos de cada una suyos son y de nadie más, pero a mí lo que me viene a la mente (que no a la boca, por respeto) en estos casos particulares es “tú te lo has perdido”. De hecho, parece que los médicos sostienen que dar el pecho no lo estropea ni lo hace caer.

   Puede que mis pechos no estén tan firmes (también la edad y la gravedad influyen), pero para mí ha merecido la pena. Y puede que mi vientre esté fláccido y que tienda a acumular grasa (a ver si nos enteramos de una vez que esto es lo más normal y natural del mundo), puede que tenga estrías, pero no cambiaría un ápice de este cuerpo (que iba a decir roto, pero me parece más acertado decir moldeado por la maternidad), si supone perderme la experiencia de haber sentido a mi peque crecer dentro de mí.

   Esto lo tenía claro desde el instante en que me enteré de que estaba embarazada, que me la soplaba lo que pensaran los demás, yo lo que quería era admirar mi barriguita creciente todo el día.

   Puedo decir que tuve la suerte de tener un buen embarazo, sin apenas molestias, ni siquiera en las últimas semanas. Lo que más me costaba era dormir cómodamente, pero ni por eso tenía prisa por que mi peque naciera. Nació 5 días después de la fecha prevista, pero por mí como si pasaba de las 42 semanas, aunque como primeriza y poco informada, me veía llegando a esa fecha y teniéndome que provocar el parto.
Pero vamos, que yo iba con mi barrigola por delante a todas partes, ahí bien visible.

   ¿Y tú? ¿La disimulaste o la luciste?